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¿Qué NO es Hécate?

  • Foto del escritor: Kass
    Kass
  • 27 ago
  • 2 Min. de lectura

Cuando nombramos a Hécate, muchas personas sienten un escalofrío. Se debe a que, durante siglos, su figura fue cubierta de sombras que no le corresponden. Lo cierto es que la diosa de los umbrales nunca fue un ser oscuro que buscara dañar: fue la humanidad la que, por miedo o desconocimiento, tejió alrededor de ella historias falsas.


A lo largo de la historia, sobre todo en la Edad Media, se afirmó que Hécate era una diosa demoníaca, patrona de brujerías siniestras y de prácticas prohibidas. Su nombre se mezcló con el de espíritus vengativos y se la presentó como una amenaza para quienes no obedecían las reglas establecidas por las religiones dominantes.


La acusación más fuerte fue asociarla con la muerte y con los fantasmas. Se decía que ella rondaba en los cementerios, que caminaba acompañada de perros que aullaban en la noche y que podía abrir las puertas del inframundo. Estas imágenes, aunque poderosas, fueron interpretadas con miedo en lugar de con respeto.


Si miramos más de cerca, entendemos que Hécate no trae muerte, sino transición. Ella está en los portales que unen un estado con otro: el fin de una etapa, el comienzo de otra vida, el cruce de caminos que nos cambia para siempre. Su cercanía a los cementerios simboliza que no hay que temerle a los finales, porque son parte del ciclo natural.


Tampoco es “la diosa de las brujas malas”. Al contrario, las mujeres que fueron llamadas brujas en su nombre buscaban sanación, conexión con la naturaleza y sabiduría interna. Hécate les dio fuerza en un mundo que las señalaba por tener dones distintos.

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El miedo hacia Hécate proviene de un patrón muy humano: temer aquello que no comprendemos. Ella representa la intuición femenina, la libertad de elegir, la capacidad de mirar hacia lo invisible. Y esos dones siempre han sido incómodos para las estructuras que pretenden controlarnos.


Por eso, muchos prefirieron describirla como peligrosa en lugar de aceptarla como lo que es: una guía en medio de la oscuridad. Demonizarla fue un modo de apagar la voz de las mujeres que encontraban en ella inspiración y poder.


Hoy, volver a Hécate significa liberarnos de esas falsas narrativas. No es necesario invocarla con temor, sino con gratitud. Ella nos recuerda que podemos habitar la sombra sin perdernos en ella, que lo oculto también guarda sabiduría, y que el cambio no tiene por qué ser sinónimo de terror.


Así que, la próxima vez que escuches que Hécate es peligrosa o maligna, recuerda que esas palabras son reflejo del miedo colectivo, no de su verdad. La auténtica Hécate sigue siendo la guardiana de los umbrales, la que enciende la antorcha para que tu camino nunca quede sin luz.

 
 
 

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